No soy la mujer maravilla, esa que se multiplica entre el trabajo, los hijos, el marido y que encima se da tiempo para salir con los amigos, esa súper mujer ejecutiva con el cabello impecable. Yo sólo tengo un bebé que aun no tiene dos años, y sin embargo ando hasta el medio día sin haber podido tomar un baño, con la ropa llena de babita y de manchitas de deditos inquietos, con mucho sueño atrasado y totalmente desfasada de la vida social. En un año he encontrado 5 canas en mi oscuro cabello, un par de patas de gallo en el contorno de mis ojos y muchas otras líneas de expresión en mi rostro, y no es que sea vanidosa solo lo normal, y esto sin considerar que ya son dos veranos que no he podido usar bikini.
En fin, días agotadores sin mucho tiempo para el aseo personal, es más sin tiempo para nada que sea personal, con muchos pañales y biberones, con paseos al parque y uno que otro berrinche eventual , días en que te encuentras más perdida que la mamá de Marco al borde del llanto o de una crisis nerviosa, días en los que te preguntas ¿en qué diablos me metí?, y que cuando estas a punto de colapsar él se acerca con la sonrisa más limpia del mundo te mira a los ojos y te dice: “mamá” ; entonces sientes que todo vuelve a encajar , y que absolutamente nada de lo que tenias antes te hacia sentir tan viva y tan plena y que todo lo que haces ahora por él parece poco a comparación de la inmensa dicha que te da saber que ese pequeño ser es parte de ti.